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jueves, 8 de enero de 2015

De vita beata - En el XXV aniversario de la muerte de JGB



En un viejo país ineficiente,
algo así como España entre dos guerras
civiles, en un pueblo junto al mar,
poseer una casa y poca hacienda
y memoria ninguna. No leer,
no sufrir, no escribir, no pagar cuentas,
y vivir como un noble arruinado
entre las ruinas de mi inteligencia.

Jaime Gil de Biedma (1966). 
Como homenaje en el 25 aniversario de su muerte


martes, 13 de agosto de 2013

Michi Panero por Andrés Trapiello

"De su vida se podría escribir un relato tolstoniano, o mejor aún, chejoviano: su padre, su madre, la muchacha que lo crió cuando era niño (la misma que lo asistía en estos últimos meses llevándole algunas tarteras con comida a su casa y lavándole la ropa), sus hermanos, uno loco y otro, perdido. Y ver la que fue la casa de tus padres, tu propia casa, convertida en un museo vacío (lo vendieron todo o dejaron que se lo llevaran los traperos, la correspondencia de entre su padre y su madre cuando eran novios, manuscritos suyos o de sus amigos, cartas de estos, todo malvendido o tirado directamente a la basura; del padre no quedan mas que cenizas) y él mendigando el puesto de ujier, como uno de aquellos aristócratas rusos a los que los bolcheviques se complacían en emplear en las que fueron caballerizas de sus propios palacios. Cuando iban a desahuciarle de su piso de la calle Ibiza, el de sus padres también, no se tomó la molestia de mirar en los revueltos de cajones de armarios y cómodas, convencido de que nada de aquello le concernía. Una vez quiso que yo le catalogara los restos del naufragio. No lo hice. ¿Por qué? Acaso era el tonel de Diógenes, y ver la decadencia de un hombre que había decidido acabarse cada día me resultó insufrible, y le dije que no. Era una buena persona, me consta, destruida no tanto por la vida que llevó, que también, sin por las propias fantasías que pensaba le iban a llevar a otra clase de vida, no sé cuál. Se fue quedando cada vez más solo, tal vez porque nunca necesitó de veras a nadie, y cuando se dio cuenta de esto, ya era tarde. Fue tarde incluso para contarlo, como tal vez quiso hacer: sus memorias. Es verdad que cuando se puso a escribirlas por consejo de uno, no tenía fuerzas, según me dijo. Pero hoy creo que su deseo de hacerlo no tenía tampoco demasiada consistencia, como cuando un niño sueña con aprobar un examen mirando por la ventana después de cerrar un libro que ni siquiera ha abierto."

Andrés Trapiello describiendo en su salón de pasos perdidos la muerte de Michi Panero en marzo de 2004. 

Misería y Compañía (2012). Editorial Pre-Textos.

lunes, 10 de diciembre de 2012

La generación del 36


"Algunos han llamado generación del 36 a la que emerge inmediatamente después de la Guerra Civil, aglutinando a Luis Rosales, Leopoldo Panero, Rafael Sánchez Mazas, Dionisio Ridruejo, Eugenio Montes y algún otro. Retrasado en el tiempo y el espacio queda Ramón Pérez de Ayala, que fue embajador de la República en Londres, aunque a Azaña no acababa de gustarle. Por su clasicismo de pegote y su señorío un poco pasado tiene mucho que ver con esa generación. En ella, el único hombre de izquierdas es Miguel Hernández, otra víctima de los vencedores. Esta generación es la tercera y última que apunta en el siglo XX con verdadera singularidad. Todos en ella pertenecen a la alta burguesía, todos son prosistas y poetas, todos son originales, cultos, hijos de una formación clásica, snobs de lo antiguo, de obra escasa y gran presencia en los periódicos. El régimen, aquel régimen se encuentra así con un núcleo duro, defensor de los valores de la Cruzada y fiel a ella hasta la muerte. 

A los nombres citados habría que añadir el de César González-Ruano. En seguida tomaron la Prensa por asalto y cada uno de ellos tiene sus mejores páginas en un periódico o varios. Añadamos otro nombre: Agustín de Foxá. Parecen una generación fabricada de laboratorio. ¿Cómo se explica este bloque simétrico y homogéneo? Son señoritos educados en la cultura clásica de la derecha, tienen dinero, han certificado su ideología en la Guerra Civil, etc. Había un joven, José Antonio Primo de Rivera, que con su atractivo intelectual les había ganado a todos para la causa. Hicieron la guerra y la ganaron. España era suya. Podían hacer lo que les diese la gana, y entonces es cuando les dio la gana de no hacer nada. Ya en los primeros tiempos de la paz habían comprendido que ganar una guerra, y más una guerra civil, no era precisamente un prestigio para un intelectual. No podían presentarse ante la Historia con una doctrina balmesiana y militarista. La verdad es que podían hacerlo todo pero no podían escribir nada. 

Huyen de la trascendencia y del compromiso mediante el ensayo corto y el artículo largo, que les permite orear su vasta y diversa cultura, ser conocidos, ganar dinero en los periódicos e ir dejando para más tarde la obra fundamental, ejemplar, que en su caso era imposible de hacer. Todos ellos tienen poca obra en libro porque el libro, novela o ensayo obliga a presentar una ideología y un sistema, pero ellos no sabían por qué habían hecho la guerra, por qué la habían ganado y por qué estaban allí. Se habían refugiado en los periódicos como en unas chabolas para ricos. 

Ganaron la guerra, sí, o supieron ponerse a tiempo de parte del bando ganador, pero habían perdido el prestigio, la identidad y el respeto. Hicieron tanto periodismo porque no se atrevían a hacer otra cosa. En el recorrido corto todos ellos son brillantes, cultos, grandes prosistas, grandes eruditos, y encontraron el recurso de publicar sus artículos en forma de libro, pero eso es un truco que no funciona. Sus libros —algunos muy hermosos— no se vendían. Y encima tenían un lastre de cultura franquista que los hacía imposibles. 

Sus libros mejores y siempre escasos son las Memorias, de Ruano, La estrella y la estela, de Montes, Un mundo sin melodía, de Foxá, Sonetos a la piedra, de Ridruejo, Rosa Kruger, de Sánchez Mazas, que lo escribió en una embajada, escondido, mientras Franco terminaba la guerra. Alguno más: La casa encendida, de Luis Rosales. 

Fueron embajadores, fueron políticos, se quedaron siempre en el quicio de la puerta, aquellas puertas que les cerraba Franco aplastándoles las medallas. En todos había el mismo desánimo de haber perdido una guerra que ganaron. En el articulismo el mejor es González-Ruano. Después de haberlos conocido personalmente, los saco a todos en mi novela Leyenda del César visionario. Algunos críticos dijeron que era una penetrante visión del Movimiento. A Franco no le veían casi nunca, pero veían a Serrano Súñer, que era el otro Franco y les protegía como a unos rapsodas medievales. Luis Rosales, ya muy mayor, tuvo una novia galerista en cuya casa cenamos algunas veces con Francisco Nieva y gentes así. La novia de Rosales era bella y exquisita y Luis le hizo algunos libros de versos ya póstumos donde desborda su amor. 

A César lo traté bastante en Teide durante sus últimos años. Gerardo y yo hablábamos mucho de él. Le admirábamos ambos. Foxá triunfó incluso en el teatro. Sánchez Mazas y Ridruejo se volvieron invisibles. 

El Movimiento, así, tuvo una coraza de versos y elogios. Hasta que estas gentes empezaron a llamarse liberales, sólo por despegarse un poco de la mitología franquista, pero la juventud ya les iba conociendo bien y les valoraba en lo poco o mucho que valían, según se mire. A Eugenio Montes le había conocido yo en la Casa de Cervantes de Valladolid, de la que se habla al principio de este libro. Un personaje me preguntó hace poco por Eugenio Montes: «¿Tú escribes de Eugenio Montes, quién es hoy Eugenio Montes, por qué pierdes el tiempo?» No quise decirle que Eugenio Montes era un enorme prosista, un sabio, un genio del pastiche, pero un genio genial, hoy olvidado, naturalmente; eso que nos perdemos. Ruano daría entrada tempranamente a todo el periodismo literario de nuestros días, que por cierto no le han leído. 

A Leopoldo Panero le visitaba yo en su despacho de Cultura Hispánica. Tenía las manos hinchadas, la cara un poco congestiva de alcohol y hablaba poco. Nunca olvidaré estos versos: 

Yo he sido transparente 
viajando en bicicleta, 
con brisa en los pedales 
y trigo en la chaqueta. 

César murió a la caída de la tarde, cumplido apenas el medio siglo. Estaba tirado en el suelo, como un rey antiguo, y tenía un pañuelo anudado a la barbilla. Habíamos ido a verle un grupo de periodistas jóvenes. A la vuelta, metidos todos en un taxi, Raúl del Pozo dijo: 
—Ya no nos reiremos tanto hasta la muerte de Azorín. 
Al día siguiente por la tarde fuimos Gerardo y yo, en un taxi, al entierro. Era una tarde de diciembre en la que se veía, como él hubiera dicho, un Madrid entornado. El Ayuntamiento le había puesto unos motoristas de gala. Años más tarde me darían el premio literario González-Ruano. 
Mery me llamaba algunas mañanas y hablábamos de César. Después del entierro, Gerardo se fue a casa y yo volví al café. En una esquina lloraba la poetisa Acacia Uceta. O sea el pueblo."

Francisco Umbral - Días felices en Argüelles 

lunes, 13 de agosto de 2012

Duff Cooper on wine and class


"I have already made mention of the happiness I have derived throughout my life from literature, and I should here, perhaps, acknowledge the consolation I have never failed to find in the fermented juice of the grape. Writing in my sixty-fourth year, I can truthfully say that since I reached the age of discretion I have consistently drunk more than most people would say was good for me. Nor do I regret it. Wine has been to me a firm friend and a wise counsellor. Often, as on the occasion just related, wine has shown me matters in their true perspective, and has, as though by the touch of a magic wand, reduced great disasters to small inconveniences. Wine has lit up for me the pages of literature, and revealed in life romance lurking in the commonplace. Wine has made me bold but not foolish; has induced me to say silly things but not to do them. Under its influence words have often come too easily which had better not have been spoken, and letters have been written which had better not have been sent. But if such small indiscretions standing in the debit column of wine's account were added up, they would amount to nothing in comparison with the vast accumulation on the credit side. 

I am proud that Belloc's great poem on wine should have been dedicated to me. I transcribe the first lines: 
To exalt, enthrone, establish and defend, 
To welcome home mankind's mysterious friend: 
Wine, true begetter of all arts that be; 
Wine, privilege of the completely free; 
Wine the recorder; Wine the sagely strong; 
Wine, bright avenger of sly-dealing wrong 
Awake, Ausonian Muse, and sing the vineyard song! 

This mysterious friend has proved a very loyal one to me, and to all those, I believe, who do not abuse friendship and who learn by experience that even between friends excessive and coarse familiarity cannot be permitted. Nor would I be thought, while paying the homage that I owe to wine, to exclude from their share of it those who, if they cannot aspire to the high dignity of friendship, do at least deserve the deep gratitude that is owed to trustworthy and faithful servants. I refer to beer and spirits, which belong to a different class from that of wine but are not upon that account to be less loved and honoured. 

Class is a word that in this age stirs passions and provokes people to talk nonsense. There are even those who would, if they could, create a classless society. If such a society were possible it would be as useless as a rankless army and as dull as a wine-list that gave neither the names of the vineyards nor the dates of the vintages. Class is an inevitable adjunct of human nature. The aim of the law giver should be to render the relations between classes happy and to facilitate the passage from one class to another. When class, which is natural, degenerates into caste, which is against nature, it becomes an evil."

Old men forget - Duff Cooper (1954).

jueves, 1 de marzo de 2012

Agustin de Foxá

Agustin de Foxa junto al torero Manolete
Para el gran público quizás fue Umbral quien le avaló aunque para mí si alguien tiene una carrera literaria parecida o representa algo similar es Alfonso Ussia. Agustín de Foxá (Conde de Foxá y Marques de Armendariz) gozo de un éxito sin par debido a su ingenio y su posición social, pero por ello mismo estaba condenado en parte al olvido del gran público (que tampoco creo fuese lo que a él más le interesase). Forma parte de esa generación que gano la guerra pero perdió los manuales de literatura según Andrés Trapiello (expresión que tan buen resultado periodístico da).

La impresión que me causa a mí la biografía de Foxá es la de un hombre muy sensible y nostálgico que se implicó a fondo en el mundo que le tocó vivir y que le sobrepasó una vida tan rápida por encima. Aunque ganó la guerra fue víctima de su generación. Él era un niño bien que nació y se crió en un mundo idílico de paseos por el Retiro,  lo que empieza a pasar en España a partir de los años 30 es un huracán del que todo el mundo salió como pudo más que como quiso.

Es preciosa la anécdota de cuando se encuentra por la calle a Buñuel y le dice que se vaya con él que va a estrenar la Edad de Oro y el dice que lo siente que va al teatro de la comedia que ha quedado con Jose Antonio Primo de Rivera. Momento en el que compone el Cara al Sol para La Falange. Qué cruce de destinos, qué momento tan bonito el de finales de los veinte donde Jose Antonio, Lorca, Buñuel o Foxá podían ser todavía amigos. La España que no pudo ser y que la guerra que ellos no provocaron les arrastró a cada uno a su trinchera. Él es quien le recomienda a Federico Garcia Lorca que no vaya a Granada y que se vaya a Biarritz en los días previos a la guerra.

El posicionamiento ideológico de Foxá es el de no asimilar un mundo en el que nace que está viendo en directo que se acaba frente a un mundo industrial y moderno que ve nacer y que desprecia. Él no se suma al modernismo ni a las corrientes que nacen en ese momento. Por eso es entendible que se alineara con José Antonio con quien compartía educación y principios. Para alguien con 30 años para quien la revolución comunista significaba el fusilamiento de su familia no le quedaba sino alistarse en la contrarrevolución o en la supervivencia. Esta filosofía le convierte en un perdedor en vida, ya que aunque ganase la guerra, aunque volviese a su casa de Atocha, él mundo que poco a poco le iba adelantando no le interesaba. Pero todo teñido de un sentido del humor, de un látigo sarcástico. Como ejemplo sus dos definiciones más famosas: «Soy conde, soy gordo, fumo puros; cómo no voy a ser de derechas.» en una entrevista de Ruano o esta otra hecha por sí mismo: «Gordo; con mucha niñez aún palpitante en el recuerdo. Poético, pero glotón. Con el corazón en el pasado y la cabeza en el futuro. Bastante simpático, abúlico, viajero, desaliñado en el vestir, partidario del amor, taurófilo, madrileño con sangre catalana. Mi virtud, la imaginación; mi defecto, la pereza.»

Primera edición de Madrid de Corte a Checa (1938)

“Madrid de Corte a Checa” su gran obra, esta siempre analizada bajo un prisma ideológico, como si él la escribiese como pura propaganda de guerra. A mí si algo me impresiono de esa novela y lo diré siempre es que es una novela de clase. Es la novela de un señorito del Pilar que veranea en San Sebastián y Biarritz. Con todos los prejuicios de clase que tenía esa generación. Aquí es donde, para mí, la mayor parte de la gente se equivoca al analizar la obra, metiéndola en el saco de la derecha fascista. En mi opinión esto nace de que al analizar la guerra civil y la II república mucha gente la analiza según donde lo vieron sus abuelos o padres. Es la parte de la historia que te han contado una y otra vez en tertulias de sobremesa. Para mi Foxá hace un alegato de los suyos, de los que lloraron en el Palacio Real en Abril del 31, de los que fueron al entierro de Calvo y de los que fusilaron en Paracuellos. Eso es Madrid de Corte a Checa, la evolución de una sociedad que pasa de las puestas de largo a tener que dar lucha activa y acabar fusilado o luchando en el frente. La lógica que les lleva a ello es clara. Y Foxá la describe a la perfección haciendo que se entienda a una generación que si bien no era muy numerosa, era la clase alta y dirigente en ese momento.

El libro está lleno de ejemplos de ello, a mí me impresionó mucho la siguiente definición de lo que para él es la república y los nuevos prohombres del régimen. Me impacta por la maldad y acidez del mismo texto, porque evidentemente él los mira desde una posición tan superior que hoy en día es increíble verlo así. Pero en ello esta describiendo a una generación, a un Madrid que pensaba así. Madrid que yo sólo he conseguido leer en Foxá, qué fue el que dejó un testimonio nítido.

“Era el símbolo de los mediocres en la hora gloriosa de la revancha. Un mundo gris y rencoroso de pedagogos y funcionarios de Correos, de abogadetes y tertulianos mal vestidos, triunfaban con su exaltación. Era el vengador de los cocidos modestos y los pisos de cuarenta duros de los Gutiérrez y González anónimos, cargados de hijos y de envidia, paseando con sus mujeres gordas por el Parque del Oeste, de los boticarios que hablan de la Humanidad, con h mayúscula, de los cafés lóbregos, de los archivos sin luz, de los opositores sin novia, de los fracasados, de los jefes de negociado veraneantes en Cercedilla, de todo un mundo sin paisaje ni “short”, que olía a brasero, a “Heraldo de Madrid” y a contrato de inquilinato.”


Pero en Foxá también encontramos un gran crítico de su propia clase. Seguramente la mejor definición de la caída de la Monarquía la da también en ese libro donde culpa en gran parte a los suyos de no haber sido capaces de defender esa Monarquía por la que tanto tiempo lloraran:

“Y era triste pensar que aquellos majestuosos caballeros de las Ordenes Militares y aquellos gentileshombres y mayordomos, y los del brazo militar de la nobleza de Cataluña y los maestrantes de Sevilla y Zaragoza que trepan por la desnudez de su árbol genealógico hasta llegar a la pureza del octavo apellido y los fastuosos primogénitos de los Grandes, indolentemente apoyados en las mesas de mármol junto a los lentos relojes musicales, y los Monteros de Espinosa que entre la nevisca y la piedra gris de El Escorial custodian los ataúdes de los Reyes antes de meterlos en el pudridero, que toda aquella espuma de la Historia de España, la nata y la flor de los más bellos nombres de Castilla, tuvieran que confiar la defensa de la Monarquía a aquellos hombres modestos y asalariados, a aquel tricornio charolado y temible, bueno para enfrentarse con los bandoleros y los gitanos, pero incapaz para detener el curso implacable de la Historia.”


En mi opinión Foxá es un autor con el que se puede estar mas de acuerdo o en desacuerdo, snob irremediable, dandi vividor, acidez envenenada en estado puro, gran amigo de sus amigos, dejó multitud de anécdotas para el recuerdo. Él era el Madrid de niños bien llevado a la enésima potencia y trasladado a la tercera del ABC. Y además de una gran novela que cualquier persona que quiera entender y comprender no sólo la Guerra Civil sino lo que es Estoril, el monarquismo de Don Juan o la snobez hacia Franco debería de leer porque no puede estar mejor explicado con un mayor tapiz de colores.

Como no podía ser de otra forma para una persona así le tocó componer y describir la muerte de Alfonso XIII en el ABC, momento que reunía todo aquello por lo que él lucho y vivió.

En el cuarto de un hotel
está muerto el Rey de España
con el manto de la Virgen
y la cruz de Calatrava

No están sus alabarderos
de blanco, con su alabarda,
entre los cirios llameantes,
ni están sus Grandes de España

¿Dónde los regios tapices
tejidos de hebras doradas?
¿Y donde el clamor del pueblo
llenando toda la plaza?

Entre las fuentes de Roma
desnudas en luz pagana
(¡Ay, su Aranjuez junto al Tajo,
con sus magnolias y estatuas!)

Entre las fuentes de Roma
lo llevan en una caja
Con tierra que no ha reinado
le cubren, sin hacer salvas;

Soldados que no son suyos
le están presentando armas.
¡Husares de la Princesa
que no le disteis la guardia!

...Al otro lado del mar
Madrid enluta sus casas.
su madre, en El Escorial,
entre violetas le aguarda.

jueves, 23 de febrero de 2012

Michi Panero

Michi Panero en una escena de El Desencanto
"Poder ejercitar libremente el talento: he aquí la verdadera felicidad"

Michi Panero (1951-2004) es el arquetipo de la soledad. De un escritor maldito sin obra, de un personaje que se bebió la vida, leyenda viva de una época. Prototipo del mártir de la movida. Miembro de la saga maldita de la literatura española, un fin de raza, un dandy intelectual que se dedicó a vivir.

Un chico al que le fue dado todo, nació bajo el éxito, dentro del régimen, con una mente privilegiada, pero decidió salirse del camino. Obsesionado con los personajes trágicos, con los perdedores y decadentes. Se consideraba “posmoderno, desordenado y descuidado” con todo lo que le rodeaba, excepto con su perro.

Su obra más conocido es "El Desencanto", rodada en 1975 por Jaime Chavarri, un documental sobre su familia y los efectos de la muerte de su padre en 1962. Leopoldo padre había sido uno de los grandes poetas de la época de Franco, personaje de éxito, sus hijos eran guapos, listos y divertidos. Lo que retrata Michi es la descomposición familiar, todo envuelto por el “éramos tan felices”, un pasado que no volvió. Un ataque brutal y meditado a la clase media española en pleno proceso de cambio a la democracia. Cuando Felicidad Blanc su madre falleció rodaron una segunda parte en 1994 “Después de tantos años” con Ricardo Franco, una continuación de la historia personal de la saga Panero.


Dicen que Michi tenía un talento innato para escribir pero a parte de colaborar en algún medio, y una serie de cuentos decidió no publicar nada. Los periódicos están llenos de referencias del talento que desprendía y que nunca llego a cuajar, Vicente Molina habla de que él los llego a ver.

En los 80 fue dueño de El Universal, un local mítico de esa movida madrileña, junto a su novia Amparo Suárez-Bárcena. En 1988 se caso con Paula Molina aunque el matrimonio no duro más de 7 meses. Michi estuvo a punto de morir de cirrosis un par de años antes y su salud se fue deteriorando hasta que falleció con 52 años, estaba trabajando en sus memorias.

Nacho Vegas le conoció poco antes de morir, impresionado por él le dedicó su canción más canalla, un himno generacional a modo de epilogo y biografía apócrifa. Por el que mil personas se han visto cantando los versos más tristes a modo de exaltación de un personaje que no llegaron a conocer.

Michi acabó convirtiéndose en un maldito, entre Ibiza 35 y Astorga, que es lo que siempre busco. Como a él le gustaba decir “En la vida se puede ser de todo menos un coñazo”

(Link a su ultima entrevista antes de morir)


martes, 31 de enero de 2012

Veinte años de caza mayor

Eduardo Figueroa Alonso Martínez (1899 – 1986), VII conde de Yebes, era el sexto hijo de Álvaro Figueroa y Torres, conde de Romanones, prohombre e imagen de la I restauración española. Eduardo a pesar de haber sido diputado con 24 años nunca se quiso dedicar a la política, estudio arquitectura y se dedicó por igual a la escultura y al canto de la sierra. En 1965 fue nombrado académico de Bellas Artes de San Fernando, al ser recibido pronunció su discurso sobre "La Escultura en la Arquitectura. Vinculación de la Academia de Arquitectura" contestándole el discurso Franciso Javier Sánchez Cantón.

Yebes en Gredos
Su nombre no habría pasado de ser una de esas figuras señoriales que todavía alguna voz recuerda en torno a chimeneas si no hubiese sido por su labor literaria y de dibujante. Es el quien le pone dibujos a El Solitario, la obra de Jaime Foxa Torroba (hermano del gran Agustin de Foxá), que narra las andanzas de un jabalí en la sierra y que constituye, en mi opinión y junto a Historia de una finca (de los Hermanos Cuevas), las dos obras señeras de la literatura de campo en España. Una en la sierra y otra en el cortijo.

Eduardo, seguramente con Bunting Teba la escopeta (rifle en este caso) más famosa de su época, escribió en 1939 el libro que le haría pasar a formar parte de la pequeña historia. Veinte de años de caza mayor. Lo escribió con motivo de que se cumplían 20 años del primer venado que mató, y es un tratado sobre el arte de la montería. Dedicado a su sobrino, héroe de guerra, y a su padre, está dividido en capítulos que abarcan absolutamente todos los temas relacionados con la caza mayor, desde zonas, modalidades, rehalas, monteros, todo ello impregnado de anécdotas personales, cuenta con la colaboración del duque de Arión en cuanto a las rehalas (inventor de la rehala moderna de a doce) y del conde de Villada (en cuanto a armamento).
El Conde de Teba en los Montes de Toledo (Foto: Ragel)
El libro es la prueba mas viva de lo que vino en llamarse la época dorada de la montería, que coincide con el reinado de Alfonso XIII, época en la que coincidió un numero muy alto de aficionados que por primera vez dedicaron tiempo y esfuerzos a hacer de esa afición una forma de vida. Por la fecha de redacción, publicado en 1942, no puede sino estar rodeado de nostalgia ya que todo el trabajo que se hizo entorno a esas sierras fue baldío, la república primero y la guerra después echo absolutamente por tierra el esfuerzo de todos esos años. A la hora de escribir el libro el autor no piensa que pueda a volver a ver lo que fue esa primera época dorada.
Yebes con un venado 
El tratado sigue siendo hoy el mejor libro de caza en español, difícilmente mejorable dado que tuvo el privilegio de ser prologado por José Ortega y Gasset, un prólogo de mas de 90 paginas filosóficas sobre la caza en lo que quizás haya sido el mayor contraste entre prologo y contenido, dando lugar a amantes y detractores de un Ortega metido a jara y trabuco, otros como Alfonso Ussia han considerado como dos obras separadas sin que una sea mejor que la otra.

Eduardo muchos años después publicó su diario de caza, titulado El canto de la Sierra con sus anotaciones y dibujos de toda una vida monteando, cuaderno en el que durante muchos años puso todo su cariño sobre la afición a la que dedicó su vida.

La tarde se muere. Allá abajo en lo hondo y muy lejos se sienten las esquilas de la majada que se dispone al reposo. Late un mastin barruntando lobo, y su bronco ladrido repercute, rebotando en las cumbres hasta apagarse a lo largo de la Sierra. Riscos de Villarejo (Gredos). Portillo del Esbirladero. 1941.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Bonaparte, Washington y Chateaubriand

Tumba de Chateaubriand en Saint Malo
“mi cuna tiene algo de mi tumba, mi tumba algo de mi cuna”

Chateaubriand fue escribiendo sus Memorias de Ultratumba a salto de mata, “en mis momentos de ventura, he tenido que hablar de mis tiempos de miseria; en mis días de tribulación, describir mis días de dicha”, es lo que le da ese toque tan nostálgico, el describir cuando es embajador de Francia en Londres sus días de exiliado monárquico en la revolución, en la misma ciudad que ahora recorre en carroza antes pedía limosna para comer. Cuando escribe sus días de traductor muerto de hambre es justo antes de dar una cena al duque de York en la embajada veinte años después, un caminar en círculos frente al destino.

Chateubriand fue uno de los pocos personajes que conoció personalmente tanto a Napoleón Bonaparte como a George Washington. Al primero lo conoció, trato, repudió y admiró durante muchos años (su segundo volumen de las memorias está prácticamente dedicado a él) y al segundo lo conoció en Filadelfia en 1791 cuando recorría Norteamérica exiliado. Se presentó en su casa, la describe sencilla, sin pretensiones ni guardas en la puerta, una criada le abrió y le hizo pasar a una estancia donde apareció el Presidente, Chateaubriand le entregó la carta de recomendación firmada por el Coronel Armand (el marques de Roüerie) y le invitó a comer al día siguiente. Se habló de la revolución en la comida, Chateaubriand que sabía que esa orgia de sangre no era tan idílica no indica si dio su opinión. Es un vacío en sus memorias, despotrica contra los que veían en la revolución un nuevo paradigma, pero no escribe que es lo que le contó  a GW. En ese momento él no era sino un exiliado de segunda y para cuando fue alguien Washington había muerto y no le recordaría, se lamenta en pura vanidad el autor.

Una vez narrado su encuentro se decide en el siguiente capitulo, capitulo VII, de las Memorias a hacer un análisis comparativo de las dos figuras, está escrito en 1822, y modificado en 1830 y 1840. Es algo sobre lo que ha reflexionado mucho, es la historia de occidente en uno de sus puntos críticos, cuando todo pudo volver a empezar. Merece la pena reproducir sus lineas aunque sea  de forma abreviado, creo que la lucidez del personaje queda sobradamente demostrada. Touché.

“Washington no pertenece como Bonaparte, a esa raza que excede la estatura humana. Su persona no tiene nada de asombroso: tampoco ha conocido un vasto teatro de acción: no ha tenido que enfrentarse con los capitanes mas hábiles y los monarcas mas poderosos de su tiempo: no ha corrido de Menfis a Viena, de Cádiz a Moscú: se defiende con un puñado de ciudadanos en una tierra sin fama, en el estrecho circulo de los hogares domésticos…

Las acciones de Washington están rodeadas de un cierto silencio; actúa con lentitud; diríase que se siente abrumado por la libertad futura, y que teme comprometerla. No es su destino lo que dirige este héroe de una especie nueva: es el de su país; no se permite jugar con lo que no le pertenece; pero ¿qué luz va a brotar de esta profunda humildad? Id a ver los bosques en que brilló la espada de Washington: ¿qué encontrareis en ellos?, ¿tumbas? ¡no; un mundo! Washington ha dejado los Estados Unidos como trofeo en campo de batalla.

Bonaparte no posee ninguno de los rasgos de este serio americano: combate con gran alharaca en una tierra antigua; solo persigue crearse su propia fama; solo asume su propia suerte. Parece saber que su misión será breve, que el torrente que desciende desde tanta altura pasará rápido; se apresura a gozar y a abusar de su gloria, como si de una juventud fugaz se tratara. Al igual que los dioses de Homero quiere llegar en dos zancadas al confín del mundo. Hace acto de presencia en todas las costas, inscribe precipitadamente su nombre en los anales de todos los pueblos; ciñe coronas a su familia y a sus soldados, despacha rápido sus monumentos, sus leyes, sus victorias. Inclinado sobre el mundo, derriba con una mano a los reyes y con la otra abate al gigante revolucionario, pero al aplastar la anarquía, ahoga la libertad y termina por perder la suya en su ultimo campo de batalla.


… La republica de Washington subsiste, el Imperio de Bonaparte ha sido abolido. Washington y Bonaparte salieron del seno de la democracia: nacidos ambos de la libertad, el primero le fue fiel, el segundo la traicionó.

Washington ha sido el representante de las ideas, de las luces, de las opiniones de su época, ha secundado en vez de contrariar el impulso de los espiritus, ha querido lo que debía querer, la cosa misma para lo que era llamado: de ahí la coherencia y lo perpetuo de su obra.

Bonaparte podía enriquecer igualmente el dominio común… ¡cual sería el rango que ocuparía,…, si hubiera nombrado a la libertad legataria universal de su gloria!

Pero este gigante no vinculaba en absoluto su destino al de sus contemporáneos; su genio pertenecía a la edad moderna, su ambición era propia de los tiempos antiguos.“

miércoles, 12 de octubre de 2011

El argumento de la obra


Una de las anécdotas mas divertidas de la Correspondencia de Jaime Gil de Biedma (ediciones Lumen 2010), titulada El argumento de la Obra (en referencia a su poema No volveré a ser joven), es la que narra sus oposiciones para entrar en la escuela diplomática.

Año 1953 opositando en el Cesar Carlos, el primer ejercicio del examen era de cultura general, se le pidió que escribiera sobre su ciudad preferida y eligió Arévalo, evidentemente suspendió. Una boutade para dejar claro que el no quería ser aquello, un choque con su familia. Él no quería vivir la vida que le habían diseñado.
Castillo de Arevalo

Es un Gil de Biedma que en una carta a Guillen le dice que él quiere ser ante todo poeta, que sino fuera por eso tendría que volver a empezar y que volver al origen es difícil, un JGB que ha estado un año en Oxford y que ha pasado un verano entero en Paris, haciendo el periodo extravertido como dirían los americanos, un JGB que tiene miedo de ser un poeta de ramalazo que al pasar la juventud se seca. Menos mal que se equivocó. ¿Falsa modestia?

viernes, 8 de octubre de 2010

De Intelectuales y Escritores

Leí hace poco en una de esas columnas soporíferas de Anson que el periodismo había sido el gran género literario del siglo XX al igual que el teatro en el XVII, el ensayo en el XVIII y la novela en el XIX. Anson era partidario de defender el periodismo como literatura lo cual es una opinión que se puede tener en cuenta de una manera más en serio o en broma, cada cual como prefiera. De hecho él ha conseguido sentarse en la Real Academia.

El periodismo es fascinante, es la transmisión de la realidad, lo que más puede influir a una sociedad de masas y el medio que tiene la gente para conocer el escenario. Este ha de ser limpio y objetivo, o al menos eso es lo que alguien le pediría de forma que a partir de él puedas formarte una opinión. Además de la inmediatez, la otra característica fundamental que lo define es la periodicidad. Siempre hay que producir, rellenar. Aquí pierde parte interés, no hay capacidad para rellenar siempre y si es así el nivel decae. Es evidente, no somos tan listos como para producir sin descanso y decir cosas interesantes.

Pero lo que me interesa es la repercusión, la autoridad de un periodista o de un escritor a la hora de hacer juicios de valor. ¿Qué sabe un periodista o escritor sobre la historia? Muy poco, no porque no hayan dejado de leer sino porque no se les exige un estándar mínimo para publicar, simplemente se pide que el texto este bien escrito, no lo tienen que defender y la repercusión que del mismo se pueda tener sólo llenara el cubo de basura de mañana. ¿Su opinión tendría que ser tenida en cuenta? Seguramente no pero no por ello la gente deja de reproducir sus palabras como si amparándose en ellas aquello a lo que se refiere cobrase más valor.

Escribo todo esto por la polémica entre Cercas y Marañón a costa de la Transición y la Segunda República, hablando de donde hay que fundar la legitimación del sistema democrático, aquí o allí. Evidentemente Cercas es un buen novelista y un buen periodista, pero no es un historiador. Claro que puede dar su opinión en este aspecto pero carece de cualquier intereses. Aquí es donde hay que distinguir claramente entre un intelectual y un escritor. El primero puede tener cierta autoritas, puedes querer escucharle, leerle, estar de acuerdo o en desacuerdo, pero al final si tiene prestigio y la gente lo escucha es porque ha estudiado y reflexionado sobre el tema. La historia es tan difícil de entender, tanto documento y facetas que estudiar que es muy fácil hacer juicios a la ligera que quepan en una página de un periódico. El escritor cuando juzga se convierte un contertulio de esos de la radio que opina de todo sin entender absolutamente nada.

Esto no deja que al escribir estas líneas me pregunte yo mismo cual es el interés de mis palabras, porque hay algo que te impulsa a ordenar ideas escribiendo, lo mismo que hace Cercas, paradójico pero cierto. Quizás sea más periodista que intelectual.

(Publicado orginalmente el viernes 8 de octubre de 2010)

domingo, 10 de enero de 2010

Santayana

Uno lee los periódicos y las revistas y siempre se repiten los mismos tópicos, las mismas frases, se remiten a cada cinco años volver a poner de moda una civilización, o un personaje histórico, un tipo de novela o que tenemos que comprar. Es un continuo déjà vu.  Por eso es tan divertido descubrir personajes diferentes, nombres con los que no nos habíamos cruzado antes.

Mi descubrimiento de este año sin duda es el de Jorge Santayana. La biografía de Santayana es la de unos padres que por cosas del destino acaban viviendo en Boston. El chico acaba estudiando en Harvard y se dedica a dar clase y estudiar, llegando a ser parte de la edad de oro de la filosofía de esa Universidad. Alrededor de 1920 se establece en Roma donde vive hasta el año 1952. Dejó citas, libros, unas memorias (“Persons and Places”). Para la época en la que vivió, para ser español y haber tenido una vida tan plena, es difícil y poco conocido. ¿Cuántos españoles acabaron siendo profesores de filosofía en Harvard?

Quizás su cita más famosa y más veces mal atribuida es la de “los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla”. El original extraído de The life of Reason sería:

"Progress, far from consisting in change, depends on retentiveness. When change is absolute there remains no being to improve and no direction is set for possible improvement: and when experience is not retained, as among savages, infancy is perpetual. Those who cannot remember the past are condemned to repeat it. In the first stage of life the mind is frivolous and easily distracted, it misses progress by failing in consecutiveness and persistence. This is the condition of children and barbarians, in which instinct has learned nothing from experience."