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lunes, 27 de enero de 2014

Gris vulgar


Por primera vez la encontré vulgar, iba sin una expectativa diferente que ver a algunos amigos, ver donde estaba cada uno. Sin embargo me encontré con muñecas rotas, con lobos solitarios que ya no quieren ni amar, con unas calles sucias, demasiada gente, demasiado dinero, todo era vulgar. Como esas mujeres que parece que tienen algo pero que a la postre se descubre que era todo mentira, que lo que prometían no era cierto y la luz las deja transfiguradas.

Los años pasan para todos, ese Londres que nos fascinaba de pequeños, en el que nos fuimos haciendo mayores, abrazando ese mundo que nos seducía, creyéndonos que éramos Hugh Grant en 4 bodas y un funeral, esta vez me pareció diferente. Las mismas copas en los mismos sitios, las mismas conversaciones, las mismas ilusiones que sabes que acabaran trasquiladas por algún imbécil.

Quizás vine aquí a coger fuerzas, perdido dentro de mis mundos. Aburrido de mi mismo, de mis mismos problemas y dando vueltas sobre lo mismo. Sin saber como romper ese circulo. Mujeres, copas, mujeres, el juego de los cuerpos que intenta meterse en tu cama. Y todo lo ves prosaico, color gris vulgar, te paseas impenitente por la noche y uno no se puede sentir tan joven como Jep Gambardella.

Y pienso en ti, me acuerdo de cuando amanecíamos juntos y pensábamos que éramos inmortales. Y me maldigo por haber dejado irte tan lejos. Tan tan lejos que por alto que grite no conseguiré que me escuches. Y si miro a la luna sé que tú no la estas mirando, y aunque mire al horizonte sé que tus montañas están demasiado lejos. Incluso para mi.

martes, 7 de enero de 2014

Tierra quemada



Amanece, con la casa llena de papeles rotos, todavía quedan copas encima de la mesa.
Te duele la cabeza y estas hinchado.
Hasta ayer era todo una evasión.
El año empieza hoy de verdad y es lo único que te queda.

Las risas, los cigarros, las copas, se han apagado.
Como las voces bajas que prometían arreglarlo todo.
Nada de eso queda ya. Ni un misero suspiro.
Sólo queda el silencio después de la tormenta.

Tu vida frente al espejo. Tu pequeño cruce de caminos.
Sabes que no puedes sentir miedo, que no te está permitido.
Que todo lo que tienes a tu alrededor te sustenta.
Tienes ganas de llamar por teléfono, oír su voz.

Saber de su pequeña historia, que habrá desayunado.
Pero eso es un camino ahora mismo cerrado.
Te encantaría que sonase el teléfono. Pero sabes que no llamará.
En ese taxi solo había una promesa. Tierra quemada.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

2013 o el año de Sisifo



El año de sisifo como paradigma de los sueños imposibles. Amores circulares, nuevas oportunidades, un paseo por via montenapoleone en plena primavera, los amantes del círculo polar. Tardes eternas en la terraza, un paseo por la playa de Cortadura mirando a América, un parque perdido en mitad de ginebra. Ilusiones rotas, amores imposibles. Lagrimas de cocodrilo, magnolias como ilusiones. Fugacidad del instante, noches eternas de lunas llenas. Pienso en errores, en lo cobarde del ser humano, en huidas en plano largo. Cuando pienso en 2013 pienso en el mito de Sísifo, en la incapacidad de amar sin salir quemado. En la maldición de subir una piedra para que esta siempre caiga rodando.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Fiesta - The sun also rises

Fuimos en taxi hasta el Palace Hotel, dejamos las maletas, hicimos que nos reservaran dos literas en el Sud Express de la noche y entramos en el bar a tomar un cóctel. Nos sentamos en los altos taburetes que había junto a la barra, mientras el barman agitaba los martinis en una gran coctelera niquelada.

—Es curioso observar la maravillosa cortesía que uno encuentra en el bar de los grandes hoteles —observé.

—Los barmen y los jockeys son las únicas personas que siguen siendo educadas hoy en día.
—Por vulgar que sea un hotel, el bar es siempre un sitio agradable.
—Es extraño.
—Los barmen han sido siempre amables.
—¿Sabes una cosa? —dijo Brett—. Es completamente cierto. Sólo tiene diecinueve años. ¿No te parece asombroso?
Hicimos chocar las copas, que estaban colocadas encima del mostrador, una junto a otra. El frío las había llenado de gotitas de agua.
Al otro lado de la ventana con cortinas estaba el bochorno estival de Madrid. —Me gusta el martini con una aceituna dentro —dije al barman. —Tiene usted razón, señor. Ahí tiene. —Gracias.
—Tendría que habérselo preguntado, ¿sabes?
El barman se alejó lo bastante para no oír nuestra conversación. Brett tomó un sorbo de martini sin alzar la copa del mostrador. Luego la cogió. Después del primer sorbo, su mano tenía la firmeza suficiente para levantarla.
—¡Qué rico está! ¿Verdad que es un bar simpático?
—Todos los bares lo son.
—Al principio no me lo creía, fíjate tú. Nació en 1905. Por aquel entonces yo estudiaba en París. Imagínate eso.
—¿Quieres que me imagine algo en concreto?
—No seas imbécil. ¿Quieres pagar una copa a una dama?
—Tomaremos otros dos martinis.
—¿Cómo los que acaban de tomar, señor?
—Estaban muy buenos —dijo Brett dirigiéndole una sonrisa.
—Gracias, señora.
—Bueno, ¡chin-chin! - dijo Brett.
—¡Chin-chin!
—¿Sabes una cosa? -dijo Brett-. Antes de mí, sólo había estado con dos mujeres. No se ha preocupado nunca de nada más que de torear.
—Tiene mucho tiempo por delante.
—No sé... Él cree que había de ser conmigo precisamente. No le interesan las aventuras en general.
Jake?
—Está bien, pues; eras tú. -Sí. Era yo... -Creí que no volverías a hablar de eso. —¿Cómo puedo evitarlo? —Si lo cuentas, lo vas a perder. -Sólo lo cuento muy por encima. ¿Sabes que noto una gran sensación de bienestar,
—No es para menos.
—Una se siente considerablemente bien al decidir no convertirse en una fulana, ¿comprendes?
—Sí.
—Es algo así como un sucedáneo de Dios para quienes no lo tenemos.
—Hay gente que tiene a Dios —dije—. Y mucha.
—Pues conmigo nunca se han portado muy bien.
—¿Tomamos otro martini?
El barman agitó en la coctelera otros dos martinis y los vertió en dos copas limpias.
—¿Adonde vamos a ir a comer? —pregunté a Brett.
Se estaba fresco en el bar. A través de la ventana se notaba el bochorno exterior.
—¿Aquí? —preguntó Brett.
—Aquí en el hotel la comida es un asco. ¿Conoce usted un sitio que se llama casa Botín? —pregunté al barman.
—Sí, señor. ¿Quiere que le apunte la dirección?
—Gracias.
Comimos en casa Botín, en la sala de arriba. Es uno de los mejores restaurantes del mundo. Comimos lechón asado y bebimos Rioja alta. Brett no tomó gran cosa. Yo me di un atracón y bebí tres botellas de Rioja alta.
—¿Cómo te sientes, Jake? —preguntó Brett—. ¡Dios mío, cuánto has comido! —Me siento estupendamente. ¿Quieres algo para el postre?
—¡Oh, no, Señor!
Brett fumaba.
—Te gusta comer, ¿verdad? —preguntó.
—Sí —contesté—. Hay muchas cosas que me gusta hacer.
—¿Cuáles?
—Oh, muchas —dije—. ¿No quieres postre?
—Ya me lo has preguntado una vez.
—Sí, es verdad —dije—. Tomemos otra botella de Rioja alta.
—Es muy bueno.
—Pues tú no has bebido mucho —dije.
—Sí que he bebido. No te has fijado.
—Tomemos dos botellas más —propuse.
Trajeron las botellas. Vertí un poco de vino en mi vaso, llené el de Brett y al final acabé de llenarme el mío. Chocamos los vasos para brindar.
—¡A tu salud! —dijo Brett.
Vacié el vaso y me lo volví a llenar. Brett me puso la mano en el brazo.
—No te emborraches, Jake —dijo—. No tienes por qué hacerlo.
—¡Tú que sabes!
—No lo hagas —dijo—. Todo saldrá bien.
—No estoy emborrachándome —dije—. Estoy bebiendo un poco de vino, eso es todo. Me gusta beber vino.
—No te emborraches —dijo—. Jake, no te emborraches.
—¿Quieres que demos un paseo en coche? —propuse—. ¿Quieres que demos un paseo por la ciudad?
—Magnífico —dijo Brett—. No he visto Madrid. Y tendría que verlo.
—Voy a terminarme esto.
Bajamos, atravesamos el comedor de la planta baja y salimos a la calle. Un camarero fue a buscar un taxi. Hacía un día caluroso y radiante. Calle arriba, en una plazoleta con árboles y césped, había taxis aparcados. Uno de ellos se acercó, con el camarero colgado del estribo. Le di una propina, dije al chofer dónde tenía que ir y me metí dentro, junto a Brett. El chofer se puso en marcha. Me recosté en el asiento. Brett se acercó a mí y permanecimos así, muy juntos. La rodeé con el brazo y ella se recostó cómodamente contra mí. Hacía un día muy caluroso y brillante y la blancura de las casas hacía daño a la vista. Doblamos hacia la Gran Vía.
—¡Oh, Jake! —dijo Brett—, ¡qué bien lo hubiéramos podido pasar juntos!
Ante nosotros, un policía a caballo, vestido de caqui, regulaba el tráfico. El coche disminuyó repentinamente de velocidad, impeliendo a Brett contra mí.
—Sí —dije—. ¿Verdad que resulta agradable imaginárselo?


Fiesta - The Sun also rises by Ernest Hemingway

martes, 19 de noviembre de 2013

Corazón solitario


Cortinas anchas de terciopelo,
Alcohol en la barra;
esperando el final
El humo envuelve toda la sala
Quedan pocos segundos para empezar.
Los focos se abren, cobran su vida
Solamente el rojo nos hace esperar
La gente grita, llora y se transforma
Ni los largos pasillos tienen final
Esta noche es muy corta
Y a tu lado siempre está
Corazón solitario,
Es la magia que tú sientes ya.
Una mano aprieta sus viejas cuerdas
Empieza el encanto del rock ‘n roll
La noche es corta y sacias tu ansia
Corazón solitario encontraste el calor
Esta noche es muy corta
Y a tu lado siempre está
Corazón solitario
Es la magia que tú sientes ya
Cortinas anchas de terciopelo
En unos momentos se cerrarán
Cortinas anchas de terciopelo
Tan sólo una noche para soñar...

Corazón solitario - Burning

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Y de pronto anochece

Ed é subito sera 
Salvatore Quasimodo 

Vivir es ver morir, envejecer es eso,
empalagoso, terco olor de muerte,
mientras repites, inútilmente, unas palabras,
cáscaras secas, cristal quebrado.
Ver morir a los otros, a aquellos,
pocos. que de verdad quisiste,
derrumbados, deshechos, como el final de este cigarrillo,
rostros y gestos, imágenes quemadas. arrugado papel.
Y verte morir a ti también,
removiendo frías cenizas, borrados perfiles,
disformes sueños, turbia memoria.
Vivir es ver morir y es frágil la materia
y todo se sabía y no había engaño,
pero carne y sangre, misterioso fluir,
quieren perseverar, afirmar lo imposible.
Copa vacía, tembloroso pulso, cenicero sucio,
en la luz nublada del atardecer.
Vivir es ver morir, nada se aprende,
todo es un despiadado sentimiento,
años, palabras, pieles, desgarrada ternura,
calor helado de la muerte.
Vivir es ver morir, nada nos protege,
nada tuvo su ayer, nada su mañana,
y de pronto anochece.

Juan Luis Panero "Antes de que llegue la noche" 1985

martes, 13 de agosto de 2013

Michi Panero por Andrés Trapiello

"De su vida se podría escribir un relato tolstoniano, o mejor aún, chejoviano: su padre, su madre, la muchacha que lo crió cuando era niño (la misma que lo asistía en estos últimos meses llevándole algunas tarteras con comida a su casa y lavándole la ropa), sus hermanos, uno loco y otro, perdido. Y ver la que fue la casa de tus padres, tu propia casa, convertida en un museo vacío (lo vendieron todo o dejaron que se lo llevaran los traperos, la correspondencia de entre su padre y su madre cuando eran novios, manuscritos suyos o de sus amigos, cartas de estos, todo malvendido o tirado directamente a la basura; del padre no quedan mas que cenizas) y él mendigando el puesto de ujier, como uno de aquellos aristócratas rusos a los que los bolcheviques se complacían en emplear en las que fueron caballerizas de sus propios palacios. Cuando iban a desahuciarle de su piso de la calle Ibiza, el de sus padres también, no se tomó la molestia de mirar en los revueltos de cajones de armarios y cómodas, convencido de que nada de aquello le concernía. Una vez quiso que yo le catalogara los restos del naufragio. No lo hice. ¿Por qué? Acaso era el tonel de Diógenes, y ver la decadencia de un hombre que había decidido acabarse cada día me resultó insufrible, y le dije que no. Era una buena persona, me consta, destruida no tanto por la vida que llevó, que también, sin por las propias fantasías que pensaba le iban a llevar a otra clase de vida, no sé cuál. Se fue quedando cada vez más solo, tal vez porque nunca necesitó de veras a nadie, y cuando se dio cuenta de esto, ya era tarde. Fue tarde incluso para contarlo, como tal vez quiso hacer: sus memorias. Es verdad que cuando se puso a escribirlas por consejo de uno, no tenía fuerzas, según me dijo. Pero hoy creo que su deseo de hacerlo no tenía tampoco demasiada consistencia, como cuando un niño sueña con aprobar un examen mirando por la ventana después de cerrar un libro que ni siquiera ha abierto."

Andrés Trapiello describiendo en su salón de pasos perdidos la muerte de Michi Panero en marzo de 2004. 

Misería y Compañía (2012). Editorial Pre-Textos.

viernes, 12 de julio de 2013

13 de Julio de 1936

“No te ofrecemos que rogaremos a Dios por ti, te pedimos que ruegues tú por nosotros. Ante esa bandera colocada como una cruz sobre tu pecho, ante Dios que nos oye y nos ve, empeñamos solemne juramento de consagrar nuestra vida a esta triple labor: imitar tu ejemplo, vengar tu muerte y salvar a España, que todo es uno y lo mismo; porque salvar a España será vengar tu muerte, e imitar tu ejemplo será el camino más seguro para salvar a España”

Antonio Goicoechea en el entierro de José Calvo Sotelo - 13 Julio de 1936

Portada del diario ABC del 15 de Julio de 1936 con la esquela de José Calvo Sotelo en la portada